Xurxo Chirro, “Vikingland”, 2011

La Viking Army va a tamblar de aburrimiento cuando veo la peli

Vikingland (España, 2011) es un conjunto de filmaciones caseras grabadas entre octubre de 1993 y marzo de 1994, recogidas y editadas por el director Xurxo Chirro. Esas filmaciones son obra de un marinero gallego emigrado que trabaja en un ferry que viaja entre Alemania y Dinamarca, el cual utiliza una videocámara para grabarse y capturar su trabajo cotidiano y el de sus compañeros de viaje.

El autor se vio impulsado a realizar este documental debido a que halló las cintas originales en casa de su padre, compañero del tripulante protagonista. De esta manera, su propósito sería el hacernos ver el trabajo repetitivo del marinero mercante, sus sufrimientos al verse alejado de sutierra y su familia por tener que viajar al extranjero para conseguir un empleo. Todos esos sentimientos que seguramente tantas veces trató de imaginarse Xurxo Chirro durante las largas ausencias de su padre.

La elección de utilizar únicamente las cintas, intentando manipularlas lo menos posible (el director solo realiza cortes en dos escenas, por ser de excesiva duración) y dividir el documental en capítulos es una reivindicación que parece remitir al cine-ojo de Dziga Vértov, en su intento de mostrar la realidad tal y como la capta la cámara.

Es interesante observar como, cuando Luís Lomba, el marino gallego, comienza con las grabaciones, siente la necesidad de satisfacer la curiosidad (que se acabará convirtiendo en narcisismo) del hombre que se contempla a sí mismo en un pantalla. En los primeros minutos de la película somos introducidos en el barco, que será el mundo de Luís durante los siguientes 5 meses, a través de los diferentes miembros de la tripulación. De esta manera ya formamos parte de su vida. Desde sus charlas con los amigos y compañeros de trabajo, su ocupación cargando mercancía, hasta la cena de Nochebuena, en la que se figura, con tres tripulantes más, la situación de su familia en esa misma noche, seremos testigos mudos de hasta las actividades más mundanas.

Estos primeros pasos con la videocámara de una persona que no está iniciada en el cine, parecen remitir a los orígenes de este arte, cuando los hermanos Lumière, al igual que Edison, grababan las escenas cotidianas de la vida que les rodeaba, sin ninguna pretensión de crear un argumento o una estructura narrativa.

Poco a poco y según pasan las jornadas, contemplamos la dura vida que llevaban estos emigrantes, mientras la cámara no cesa de grabar. Largos planos que parecen no terminarse nunca, como los días en esas tierras del norte de Europa y silenciosos, como los grandes bloques de hielo que surcan esas frías aguas, siendo rotos únicamente por el barco mercante.

La utilización de un formato como el VHS, en un momento del cine en el que parece que todo ha de ser grabado y proyectado en calidad HD, parece un intento de evitar que el tiempo no olvide este formato, de la misma manera que parecía que había sepultado a estos marineros gallegos que, casi 20 años antes, arriesgaron todo para buscarse la vida e intentar mejorar la de sus familias, emigrando a unas tierras desconocidas, en las que el trabajo sería para ellos su única ocupación y se adueñaría de su existencia.

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