Iceage + Juventud Juché, Sala Charada (Madrid), 2013

Pies de Elias Joso

El 3 de noviembre de 2013, los daneses Iceage aterrizaban en Madrid, más concretamente en la sala Charada (calle La Bola/13) junto a los locales Juventud Juché, que sustituyen a los que iban a ser los primeros teloneros: Lower. Esta velada formaba parte de ese ciclo ecléctico llamado 981 Heritage, patrocinado y organizado por SON Estrella Galicia.

Era la primera vez que acudía a la Sala Charada y tras esperar un cuarto de hora fuera para que acabasen de ultimar los preparativos del concierto, los interesados en escuchar a Juventud Juché entramos por la puerta. Un lugar bastante extraño esta sala, con un techo desconcertante de luces intermitentes, una distribución de barra, escenario y asientos que no acabé de comprender. Así como una habitación con televisión y sofás en la planta baja algo sospechosa. Supongo que en días de uso normal y no en conciertos, la finalidad de cada rincón de la sala cobrará su significado. Con menos de cuarenta personas merodeando por allí, la desorientación estaba justificada. Pero a lo que vamos.

Juché vertical

Los tres integrantes de JJ (me tomo la libertad de usar siglas para Juventud Juché) subieron al escenario y sin previa presentación dispararon su Bailonga. La actitud les sobra, la guitarra la maneja el contante con tanta soltura que se le escurre. Practican un punk guarrillo, un tanto destartalado y sucio (si es que hay otra forma de hacer punk). Parecía que este trío se paseaba por allí y se subieron al escenario, porque escupían temas como Dispara, Salvador (tema que se encuentra en el split con Juanita y los Feos de Discos Walden) o Restos de un incendio del primer LP aún por ver la luz de esta gente. El bajo bailongo y el cencerro al que recurría con asiduidad el batería acababan de completar el sonido de la banda.

Puede que ese día todo Madrid no estuviese muy dado al movimiento, porque pocos cuerpos se sacudieron, aunque con el recital que los JJ incitaban a ello. Más adelante podría comprobarse que, en efecto, el ánimo del público era la razón del parón general. Los temas John Wayne, Zona Muerta, Septiembre (también del citado split) se encargaron de redondear el teloneo, mientras la saliva del cantante iba bañando el micro y a algún descuidado de primera fila. Terminaron de una forma curiosa: en el clímax de la última canción (Defensa o algo parecido) la guitarra dejó de funcionar y el estallido quedó en el simulacro de un petardo defectuoso (ojo, lo digo en plan bien) que desembocó en el aplauso generalizado del público. “Si nos veis en otra ocasión, lo haremos mejor” comentó el cantante. Espero verles de nuevo, sí, y si consiguen superar la actuación, estupendo.

Escupitajo

El cantante de Juventud Juché duchando al público a base de punk

Un interludio de veinte minutos, mientras los componentes de Iceage preparaban sus instrumentos y el cantante paseaba por la sala y charlaba con la responsable del puesto de Son Estrella Galicia, servía para salir a tomar el aire, pasar por el siniestro baño o esperar. Esperar a que los de Copenhage nos trajesen el ruido.

Y allí estaban por fin, esos cuatro chavales que no pintaban nada con el público asistente, decentemente vestidos, con rasgos bálticos y unos movimientos sutiles que se notan en las personas que viven a miles de  kilómetros de aquí. Comenzaron el concierto con I’ll Niño y Awake, del celebrado último disco “You’re Nothing” (2013).

El vocalista de Iceage Elias Bender Rønnenfelt

El vocalista de Iceage Elias Bender Rønnenfelt

El vocalista Elias Bender Rønnenfelt no paró de revolverse en casi todo el concierto, apenas hubo descanso entre estas canciones rápidas, de un post-hardcore denso, oscuras sobre todo. Burning Hand es un buen ejemplo de ello. Un servidor disfrutó y mucho de la actuación, de la música y del carisma excéntrico pero a la vez introvertido del cantante. Me llevé la impresión de que, si los poetas (y más los jóvenes) están casi extintos, han tomado actualmente la forma de cantantes. Y Elias bien podría reflejar la persalidad del decadentismo ordenado y seguro que tanta atracción provoca. Una pena que comentarios como el de alguna asistente (que no entiendo aún a que fue) sugiriendo a gritos una posible similitud entre el protagonista y Leonardo DiCaprio, rompiese algo el clímax. Un valiente se encargó de crear silencio poniéndole los puntos sobre las íes.

La distorsión seguía su curso con dos de los temas más aplaudidos de estos chicos: You’re Nothing y Coalition. Y es que a pasar de que el cantante se contorsionaba sin parar, pocas eran las interacciones con su público, más allá de un par de “thanks” y el nombre de la canción que venía a continuación. Pero es que los noreuropeos la pasión la llevan por dentro. Si no que se lo pregunten al resto de la banda. Aún así, el público, como comentaba antes, no se animó lo suficiente como para empezar algún bailoteo basado en empujones, salvo en aisladas ocasiones en la primera fila.

Guitarra Iceage

Se despidieron, tras nueve canciones que supieron a poco, con el colofón final del binomio Morals y Ecstasy, esa especie de single que parece ser su canción más popular por las redes. Algo más de movimiento en esta ocasión, pero poco más que un pequeño incendio, que se apagó con la última nota de guitarra de Iceage. Un buen concierto del cual quedará un grato recuerdo de ambas bandas. Quizás con un público más animado, la noche hubiese sido mucho más divertida.

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