Trust, Shôko Live! (Madrid), 2013

Robert Alfons de Trust

La noche del 13 de  diciembre había caído en Madrid y la fecha en la que Trust regresaban a la capital por fin llegó. Era su segunda visita a la ciudad tras su paso en mayo del año pasado por el ciclo Valle Eléctrico del Nasti Club, había llegado. Esta vez gracias a Giradiscos.

 A las 21:00 se abrían las puertas de la sala Shôcko Live! (Calle Toledo, 86) , recinto elegido para la ocasión tras quedarse pequeña Charada a estos canadienses. El aspecto de la sala por dentro, en la que justo un mes antes había actuado Maya Postepski con su otra banda Austra, parece el lugar idóneo para un grupo de electrónica que bebe de  estilos pasados, recordando los amplios espacios del local a míticos recintos de épocas de mejores épocas en el Madchester de los 80.

Dos tiras de bambú iluminadas de un azul frío que se elevaban hasta el techo delimitaban el cuadro donde se encontraba el escenario, oscuro, vacío con una batería, un micrófono y dos sintetizadores (un Nord Lead 2X yun M-Audio), simbolizando la carencia de sus intérpretes, tan esperados ya por la allí reunida multitud entre la que, como era de esperar, el negro estaba presente en la vestimenta de cada persona.

los dos de Trust

Al acercarse la hora indicado de inicio la planta baja de la sala estaba, hasta donde alcanzaba mi vista, bien abarrotada. En la planta superior algún pequeño grupo que se creería privilegiado aparecería cuando Trust estuviesen en activo. Pocos minutos hubo que esperar tras las 21:30 para que un Robert Alfons enfundado en camisa y pantalones negros, el indudable líder de la banda, pusiese los pies en el escenario y blandiera el micro, acompañado por una teclista y un batería de los que poco se puede averiguar debido al carácter itinerante en la composición de esta banda.

Lo que caracteriza a los conciertos de Trust últimamente es la proliferación de temas nuevos y no es para menos, pues ya está anunciada la fecha que todos los asistentes de bien esa noche deberían de tener memorizada: el 4 de marzo de 2014 Trust editarán su segundo disco “Joyland”, del cual dejaron caer algún tema para abrir el apetito. Pero estaba claro por lo que había venido la gente allí, las primeras notas del sintetizador indicaban que Sulk comenzaba y cualquier tema perteneciente a “TRST” (2012) hacía al público moverse como poseídos.

ellasLos movimientos que formaban parte del extraño baile protagonizado por Alfons animaban a la par que  hipnotizaban al público y lo moldeable de su voz hacía sospechar algún tipo de efecto en el micrófono. Pero aunque no es descartable que algún filtro media entre sus cuerdas vocales y los altavoces, es todo mérito suyo los cambios de tono en su voz, desde esos tonos agudos, de niño a la gravedad de ultratumba. Seguimos con la música.

Bulbform y F.T.F. se sucedieron al igual que en el EP, y la sala entera ya se encontraba inmersa en los ritmos, en ocasiones machacones, en otras con puntuales sonidos muy melódicos que son los que acaban haciendo memorables a las canciones. Aunque el vocalista apenas se mostró receptivo con el público (solo un puñado de “Thanks” salieron por su boca en todo el concierto), se notaba, en sus movimientos y ocasionales sonrisas que estar encima de un escenario es para él una pasión. No sé si lo mismo se podría decir del batería y la teclista, pues sobretodo la última no dio signos de estar actuando para público alguno.

Robert Alfons

El tiempo iba pasando y se iban sucediendo canciones como The Last Dregs o la canción con la que llamaron la atención de la prensa especializada y una de las primeras que grabaron: Candy Walls. El movimiento entre el público se relajó en esta parte del concierto, para poco después retomar los movimientos de hombros dislocados y los pasos de baile en el mismo metro cuadrado cuando Trust atacaron con Dressed for Space. Lo visto y escuchado hasta el momento es un buen compendio de lo es Trust como banda en directo. Nada de shows incendiarios, buena interpretación, razones de sobra para bailar y Robert Alfons. aunque no quiera, centrando toda la atención.

Entre el abandono del escenario y su predecible regreso los asistentes no se ponían de acuerdo entre aplausos, silbidos, gritos y vítores, no porque estuviesen desencantados, sino porque querían más, era viernes noche y aquello no podía acabarse con una hora de espectáculo.  De modo que a su regreso, sabiendo que mucho más no iba a durar aquello, golpearon con Shoom, tema que abre el disco y canción efectiva donde las haya para retomar el hilo.

Tras esta, decidieron acabar con algo más ligero, pero no tanto como para que se calmasen los ánimos. Heaven sirvió como despedida en una noche aún más oscura gracias al dark-wave de Trust, que no creo que hayan defraudado a ninguno de los presentes, pues la calidad de la música y muy particularmente la voz eran casi calcadas a las grabaciones de estudio. Más bien al contrario, el público pareció encantado, sino que se lo pregunten al hombre que, desde la parte de arriba de la sala no paraba de dar saltos y exhortar a la multitud desde las alturas. Así se vive un concierto.

Trust Drums

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